¡O amabilisimo señor Jesús, Manso Cordero de Dios! Yo, miserable pecador, saludo y adoro la sagrada llaga en vuestros hombreo, donde habéis cargado la cruz. En  esta sagrada llaga, vuestra llaga fue tan desgarrada, que hasta el mismo hueso quedo expuesto a la vista; y esto en turno, os ha causado una angustia profundísima. Esta aflicción fue más aguda que todas las demás heridas, en vuestro benditisimo cuerpo. ¡O mi afiligidísimo Jesús! os adoro, os alabo, os glorifico y os doy gracias por éstas heridas y muy dolorosa herida. Por medio  de ése agudisimo dolor, y por el aplastante peso de la poderosa cruz, os suplico que tengáis misericordia de mi, que soy un pobre pecador. Perdonad mis pecados, los mortales y veniales. Guiadme en el camino al cielo por el estrecho sendero de vuestra sagrada cruz. Amen.

imprimatur: Thomas D. Beven

Obispo de Springfield.

PIETA

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